Buena Luna Criaturas.

Muchas veces me he preguntado que es la realidad y hasta que punto toda nuestra educación y las limitaciones de nuestros sentidos, nos sumergen de lleno en algo artificial a lo que llamamos mundo real, pero que realmente no es mas que un consenso social de milenios de duración sobre lo que es y no es. ¿Porque el rojo es rojo y no es realmente azul? o ¿porqué el pollo sabe a pollo y la vainilla a vainilla?

No os preocupéis, no hemos cambiado el hilo central del blog y voy a empezar a divagar entre la realidad o la sombra proyectada en la caverna, pero este juego de realidad y fantasía es el hilo central de la última película de Scorsese, con la aparición ineludible de su actor fetiche Leonardo di Caprio "Shutter Island".

SINOPSIS:

Verano de 1954. Los agentes federales Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) son destinados a una remota isla del puerto de Boston para investigar la desaparición de una peligrosa asesina (Emily Mortimer) recluida en el hospital psiquiátrico Ashecliffe, un centro penitenciario para criminales perturbados dirigido por el siniestro doctor John Cawley (Ben Kingsley). Pronto descubrirán que el centro guarda muchos secretos, y que la isla esconde algo más peligroso que los pacientes...

Hace tiempo ya que dura la relación idílica que viven Di Caprio y Scorsese y desde "Gangs of NewYork" lo cierto es que el veterano director ha conseguido sumar a su ya prolífica y brillante carrera, la aportación de uno de los futurables guaperas del cine de los noventa, que a diferencia de lo que ha sucedido con el mediático Brad Pitt, ha pasado de futurible póster de habitación de adolescentes a actor consagrado en toda regla. También se ha de decir, que la evolución física de Leonardo, lo apartó pronto de las imaginaciones calenturientas de las jovencitas y él ha sido lo suficientemente inteligente para reinventarse.
Colaboraciones a parte, he de decir que, como la mayoría de veces, he ido a ver la película sin apenas información previa y abierto de mente. Después de los primeros compases, lo que me sorprendido gratamente es la imagen creada, con tonos pastel, ocres, marrones y grisáceos que me recordaron mucho las sensaciones de las novelas oscurantistas de H.P.Lovecraft, aunque aquí en lugar de los años veinte, nos encontramos en plena post guerra de los cincuenta.

La imagen de los dos inspectores judiciales, al mas puro estilo novela negra, con antihéore atormentado y todo, hacen que en seguida te sientas a gusto y empieces a disfrutar de la buena trama. El guión adaptado por Laeta Kalogridis, nos lleva por la historia adaptada de la novela escrita por Denis Lehane. Una trama densa, desconcertante y en algún pequeño momento farragosa, se desenvuelve bien en el ambiente aislado y tétrico de la institución psiquiátrico penitenciaria donde se desarrolla. Una vez mas, los recuerdos de los investigadores de los seres ancestrales primigenios venidos del espacio de las novelas del adicto al LSD Lovecraft, asaltan mis recuerdos para inquietarme por el hermetismo y oscurantismo que rodea la desaparición de la reclusa investigada.
Si el guión es bueno y la ambientación inmejorable, que decir de la buena interpretación de todos los personajes... desde el protagonista a los coristas, pasando por un genial, como siempre, Ben Kingsley en el papel de director médico del centro.

Suciedad, oscurantismo, desesperación y el juego perfecto entre la realidad, la enfermedad mental y lo que es y deja de ser, nos lleva de la mano por un terrible paseo en caída libre dentro de las mentes mas oscura y perturbadas.

Sin querer desvelar nada sobre el desenlace genial y la reconstrucción final de la trama que da razón de ser a toda la película, destacar el buen gusto y lo bien llevada que esta la parte final, donde en lugar del esperado ¡Tachan! con traca final y sonrisas de los productores diciendo: ¿a que no esperabais este giro? Todo es llevado de manera sutil, pausada y sin estridencias lo que nos ofrece una película al mejor nivel de Martin Scorsese.

Lo mejor: El desenlace final, sin duda.

Lo peor: Momentos centrales algo largos y enrevesados.