17 feb. 2009

Una mina de historias preciosas. Jason


Jason
¿Por qué haces esto?
Yo maté a Adolf Hitler
El último mosquetero
Editorial Astiberri



En la contraportada de sus libros, por lo menos en los publicados en España por Astiberri, Jason (John Arne Sæterøy) se dibuja a sí mismo sentado ante la mesa de trabajo, con barba de tres días y saliéndole de la cabeza los humos, estrellas y tirabuzones habituales para indicar que está devanándose los sesos. No imagino mejor caricatura: la impresión que me queda después de terminar cualquiera de sus volúmenes es que este hombre se deja la piel en todas y cada una de sus propuestas. Y eso, por dispares que éstas sean, pues aunque pueda identificarse sin problemas un lenguaje propio y personal, no podemos acusarlo de estar siempre reescribiendo el mismo libro; busca, y logra en toda ocasión, situarse en las Antípodas de su anterior trabajo.
Sus últimos volúmenes en Astiberri, ¿Por qué haces esto?, Yo maté a Adolf Hitler y El último mosquetero, son tres piedras preciosas pulidas hasta la circularidad más redonda. Una somera aproximación a sus tramas vendría a ser la que sigue: en ¿Por qué haces esto?, el protagonista se ve envuelto en la persecución y huída de un asesino tras haber presenciado accidentalmente como éste liquidaba a un amigo suyo. En Yo maté a Adolf Hitler, nuestro protagonista, que comparte un parecido sorprendente al del anterior volumen, es contratado por el inventor de una máquina del tiempo, para matar a Adolf Hitler. Y, en El último mosquetero, asistimos a la aventura de un desahuciado espadachín, probable hermano gemelo de los anteriores, para desbaratar un intento de invasión marciana. Mi impresión, aun a sabiendas de perder la última ocasión que dispongo de ingresar en algún club de caballeros eruditos, es que los parecidos ni son azarosos, ni responden a poco más que al muy probable desinterés de Jason por perder tiempo en detalles que le distraigan de contar su historia, que es para lo que ha venido. Nada tengo que objetarle, pues, ciertamente, la calidad de los argumentos es excepcional y el dibujo de línea clara, sin pretensiones, se aviene perfectamente a su interés por focalizar los esfuerzos y la atención en lo que nos cuenta. Lo que no es obstáculo para que nuevos quebraderos de cabeza le conduzcan a crear personajes reales y consistentes, echando mano para ello de las mejores armas de que disponen los autores noreuropeos: el encuadre intencionado en los silencios, las incomodidades en las relaciones sociales, la contención al expresar las emociones, las obsesiones personales, la contingencia de las circunstancias que nos rodean, la imposibilidad, a pesar de todo empeño, de tomar decisiones reflexivas, la presencia inquietante del azar y del revés, etc. Para entendernos: Bergman y Kaurismäki se encuentran en un páramo noruego y se miran a los ojos intensamente.
Como ya habréis detectado, en estos tres volúmenes Jason hace un homenaje a Hitchcock, así como al cine de ciencia ficción y aventuras, conjurando para ello a Flash Gordon, H. G. Wells, A. Dumas, Raymond Chandler, Kafka, Hergé, Ray Bradbury… y poniéndole como guinda al cóctel, algo de los directores de cine nórdicos: Dreyer, von Trier, Bergman, etc. El combinado resultante, mezclado sin agitar, promete una hora intensa de emoción, pero no más (uno no se detiene mucho en los dibujos ni en las verborreas de los personajes, sino que pasa de puntillas, como si leyera una tira cómica). El impacto, de todas formas, llega con lentitud pero, inexorablemente, nos da de lleno.

Jason recurre de nuevo al dibujo habitual de los personajes como animales humanizados, tipo perro o ave, vestidos para la ocasión aunque descalzos como nuestras mascotas (una manía del autor, supongo), del que os dejo una muestra. El coloreado de las viñetas corre a cargo de Hubert; un trabajo impecable que bien vale lo que haya cobrado por ello.

Estoy cada día más persuadido de que Jason realmente ha inventado una máquina de confeccionar cómics, que trabaja con una precisión suiza envidiable para producir productos siempre diferentes pero capaces de generar, cada vez, la misma emoción. Estoy avisado, también, de que aplica una dosis doble de aceite de engrasar en el mecanismo que elabora las historias, solo así me explico estos finales irrepetibles.

Pregunta: ¿Es posible, a día de hoy, llevar en nuestro maletín un cómic extraordinario que no nos deforme la espalda? Respuesta: sí, Jason lo consigue en tan sólo 48 páginas.

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