Tony Millionaire
Sock Monkey
Editorial Rossell



Si alguna ventaja tienen las crisis, es que uno aprende cosas mal que le pese. Así, ahora ya sabemos que todo virus de la gripe proviene originariamente de las aves y, también, que al saltar de una especie animal a otra, éste adquiere mayor virulencia y poder infectivo. Es el caso también del virus de la influenza que ocupa nuestros desvelos actuales, la gripe N1H1: de las aves a los cerdos, y de aquí al gran mundo. Una nueva excusa para meterle mano a los animales y ahondar en las estrategias de sometimiento que tan excelentes resultados gastronómicos nos han reportado. Aunque claro, ¿cuándo nos han hecho falta excusas? A día de hoy, la mayor parte de especies en vías de extinción, ni forman parte de nuestros menús ni compiten con nosotros por los mismos alimentos. En fin, que es una enorme alegría cuando un artista con sensibilidad y una masa gris bien aposentada tras lustros de juergas le da por derribar las barreras que nos separan del resto de mundo animal, humanizando a unos y animalizando a los otros y, siguiendo el espíritu de la técnica del espejo de Stendhal, nos muestra el verdadero aspecto de nuestro humanismo. Para la ocasión que nos ocupa: Tony Millionaire, un autor de cómics literalmente inclasificable, nos regala la vista y nos hace más inteligentes con Las aventuras de Sock Monkey, un universo de animales parlanchines, muñecos de trapo animados, casas americanas decimonónicas, goletas piratas y borracheras gloriosas, muchas borracheras con final catastrófico. Aquí en nuestra tierra, la editorial Rossell ha publicado el primer volumen de una colección (confiemos en que se convierta en tal cosa) que se presenta como la versión menos gamberra de Maakies, una suerte de universo alternativo de las exitosas tiras cómicas que llevan años siendo el azote de las mentes biempensantes y políticamente correctas de los EUA.
La vida de Tony Millionaire hace buena la vieja teoría según la cual un escritor de talento tiene que haber cuajado una biografía intensa antes de decidirse a poner negro sobre blanco: además de boxear dentro y fuera del cuadrilátero, ha vivido en varios lugares del mundo, ejerciendo todo tipo de empleos, ha transformado en leyenda su faceta más juerguista y se jacta ante cualquiera de tener dos dientes frontales postizos. De todo lo cual queda buena parte patente en sus enloquecidos guiones.
En Las aventuras de Sock Monkey se dan cita un mono de peluche, el tío Gabby, y el sr. Cuervo, conocido en su versión canalla de Maakies como Drinky Crow, el cuervo borracho, a cuyo pseudónimo hace justicia también en las páginas que comentamos ahora. Estos dos muñecos de trapo ingenian y protagonizan aventuras que parecen germinarse en la imaginativa mente de un niño: ayudan a una cabeza reducida a regresar a su tierra natal, hacen de celestinos entre un murciélago y un ratón que ha enviudado, colaboran con la venganza que ingenia un gnomo contra la urraca que ha convertido su vivienda en un almacén de objetos robados, etc. Y, como tratándose efectivamente de un juego infantil, todos los relatos contenidos en el pequeño volumen de Rossell se llevan hasta sus consecuencias más radicales, hasta que se hace imposible volver atrás. Así, no nos debe extrañar que sean los accidentes fatales, los suicidios y otros desenlaces violentos los que pongan fin a una narración llena de poesía y candidez. La cara más dulce convive con su otro reverso más cruel. Todo lo cual se expresa con un dibujo apasionante que nos devuelve la magia del clásico Little Nemo in Slumberland, obra de la que Millionaire es innegable deudor y que supone un punto de inflexión en la historia del cómic. El dibujo de los caserones decimonónicos de madera, como preciosas casas de muñecas a escala humana, y las frecuentes escenas marinas, son los escenarios en los que mejor se desenvuelve Millionaire, aunque su habilidad con la pluma debe permitirle sobresalir en cualquier proyecto en que se embarque. Pero, ¿para qué penetrar en lo desconocido cuando lo familiar es un inabarcable universo lleno de ocurrentes posibilidades? Abrir el libro al azar por cualquier página es quedarse boquiabierto de inmediato por su prodigioso dibujo y su habilidad en la construcción de las viñetas y la paginación, un auténtico hallazgo.
La desbordante imaginación de Tony Millionaire conjuga con su compromiso en favor de la libertad creativa, sin prebendas para la moda del momento ni la censura de los timoratos, para producir una obra que es ya un referente imposible de desatender cuando recapitulamos sobre actual panorama del cómic mundial. La edición de Rossell mantiene idénticas las características de la original de Dark Horse, lo cual tampoco es un demérito. Una escueta introducción de John Flansburgh sirve para cuajar un volumen memorable que confiemos sea el primero de una colección que hará historia.
Por cierto, para aquellos que queráis explorar más concienzudamente el universo de Millionaire, encontraréis que resulta fácil hacerse con los elegantes volúmenes apaisados de la serie Maakies en versión americana. Pero ¡ojo!, sólo son aptos para aquellos que dispongáis de un conocimiento del inglés en calidad de virtuosismo: menudo rompecabezas. Desde aquí, este modesto blog, rogamos encarecidamente a las más exquisitas editoriales que se hagan eco de nuestra petición: ¡publiquen ya Maakies en castellano!.