Ghost in the shell
Manmachine Interface (Ghost in the shell II)
Human-Error Processor 1.5


Masamune Shirow
Planeta DeAgostini


Llamadme agorero si queréis, incluso charlatán de tres al cuarto, pero yo os digo que, de un tiempo a esta parte, vengo percibiendo indicios a mi alrededor que dan por buenos los pronósticos menos agradecidos de aquel fenómeno de la ciencia ficción de los 80-90 llamado ciberpunk, y del que ya todos recordamos su pésima tesis central: simplificando, las cosas están mal, y peor que se van a poner, que diría mi suegro en llano castellano. Sin ir más lejos, y por ilustrarlo con un ejemplo inocente, anteayer, al escuchar un noticiario televisado vía satélite en un establecimiento regentado por inmigrantes filipinos, quedé pasmado de la similitud entre el tagalo, la lengua más común en filipinas, con aquella interlingua que manejaba el esperpéntico inspector Gaff en Blade Runner; una de cada tres palabras era en alguna otra lengua asiática, en castellano o en inglés. Basta además con echar una ojeada a los recientes titulares de prensa, empezando hace un par de años, para certificar lo que digo y plantearse si ha llegado la hora de invertir en armamento. Bromas aparte, estas aleladas sensaciones personales sirvieron al menos para traerme a la mente ése fenómeno tan extraordinario, el ciberpunk, del que la ciencia ficción todavía no se ha recuperado completamente y que tan extravagantes y gratas horas de distracción nos trajo –parece que tiende a regresar de nuevo con cada crisis social-. En esa época, la de las americanas con hombreras como almohadas y los pantalones bombacho, dejé aparcado el fenómeno manga mundial Ghost in the shell de Masamune Shirow por no considerarlo suficientemente underground y marginal -demasiado popular, vamos-. Ahora, cuando buena parte del idiotismo en que estaba sumergido entonces muestra signos de remitir, y dejándome tentar por los cantos de sirena del oráculo, puede que sea la hora de enfrentarse a este manga.

Ghost in the shell (1989) fue, con perdón de Appleseed (1985), la obra de madurez de Masamune Shirow, a pesar de que él mismo se justifique en el epílogo indicando que, en realidad, se trata de un cómic de formación; ciertamente lo que vino después no ha mejorado las positivas sensaciones que dejan las aventuras de los ciborgs de la sección 9 del Seguridad Pública. Se trata de un grupo de humanos con el cuerpo casi completamente robotizado, capaces de comunicarse mentalmente entre ellos y vía cableado con robots y otros artefactos similares, amén de introducirse en las redes corporativas, tal y como hacía también el simpático R2D2 en una galaxia muy lejana. Las misiones de este grupo están clasificadas de alto secreto y sus encargos de protección de la seguridad nacional justifican el uso sin tapujos y sin remordimientos que hacen de la violencia y el costosísimo equipamiento que tienen en su haber; de entre los que me permito resaltar los disfraces de invisibilidad manto sombra y la asistencia de los autónomos robots con inteligencia artificial Fuchikoma, unas simpáticas máquinas armadas hasta los dientes que pueden servir de coraza a los agentes de la Sección 9. A las acostumbradas escenas de acción y los guiones trepidantes, acompaña también la frecuente procacidad de los manga: la líder del grupo, la mayor Motoko tiene un cuerpazo de infarto que potencia con atrevidos modelitos y posturas que encandilarán a los lectores masculinos y, con justicia, molestarán a muchas lectoras. En esta línea, la segunda operación de la Sección 9 nos regala dos asombrosas páginas a todo color de explícito sexso lésbico que, seguramente por presiones de la editorial americana, Masamune Shirow no se atrevió a reeditar.

El futuro que nos muestra Shirow no encaja estrictamente, a mi entender, en los presupuestos del ciberpunk más Blade Runner (en el que converge una sociedad hipertecnificada para tres privilegiados con un populoso submundo de indigentes que no tienen donde caerse muertos); aquí, la realidad se parece más a la que podamos encontrar en cualquier país occidental actual. Esto es quizás lo que da al cómic un mayor atisbo de veracidad y que lo privilegia frente a otras obras que le fueron contemporáneas; el autor sobrevuela esa línea de crítica social para enfatizar la referente a la demencial escalada de corrupción de los gobiernos y del peligro de no regular la excesiva acumulación de poder en manos de las compañías tecnológicas, capaces ya hoy de doblegar las voluntades más firmes. Para lograrlo, Masamune Shirow echa mano de un armazón tecnológico prodigiosamente bien hilvanado y cuyos pronósticos vienen cumpliéndose punto por punto –no en vano muestra en sus notas a pie de página estar al día de lo que se cuece en los laboratorios de I+D más punteros de la época- y de un conocimiento de las debilidades humanas nada desdeñable. Los guiones donde se monta toda la ilusión resultan complejísimos e intrincados y pueden suponer un escollo para los lectores menos voluntariosos, pues la obra reclama una lectura reposada lejos de los asientos del metro y de los iPods. En los argumentos se observa una cierta deriva en el tono que ya anuncia el propio autor en el epílogo aclaratorio; en las primeras historias, en las que goza de mayor libertad creativa, Shirow nos dibuja una despreocupada Motoko siempre sonriente y dispuesta a tomarle el pelo al jefe o a llevarse de copas a su equipo; por otro lado, las siguientes narraciones se ciñen más a los postulados del thriller policiaco y van perdiendo la frescura original, aunque Shirow siempre encuentra el momento de ridiculizar a sus personajes por medio de la caricatura. El dibujo también es una maravilla, cada personaje se distingue impecablemente del resto, las escenas muestran un detallismo casi hiperealista y el diseño de las viñetas y su paginado dan fe de la apasionada dedicación de Shirow; recomiendo que, en la medida que lo permite el enano tamaño de las páginas, dediquéis la mayor atención a cada viñeta, gozaréis del trazo vigoroso, preciso y un tanto vintage de Shirow. Posiblemente ésta no sea la obra más significativa del movimiento ciberpunk, ni tampoco un cómic perfecto (ciertas anotaciones a pie de página hacen temer por el equilibrio mental de Shirow, algunas líneas argumentales son demasiado enrevesadas, etc.), sin embargo, la sensación general que queda después de leer una de sus aventuras está a caballo de la extrañeza y del privilegio de haber presenciado algo especial, una voz realmente única y diferente en el monótono panorama del manga que parece provenir de otro tiempo.

Finalmente, comentaros que Masamune Shirow publicó más tarde un volumen de historias de Motoko fuera ya de la Seguridad Pública (Manmachine Interface – Ghost in the shell II, también disponible en España) y otro con 4 historias en las que quiso rendir tributo a los elementos de la Sección 9 que habían perdido protagonismo ante los rutilantes atributos de Motoko; han sido editadas también aquí con el mismo y estrambótico título original de Human-Error Processor 1.5. A parte de la ausencia casi completa de Motoko, los contenidos y el tono de estos relatos se ajustan a los de Ghost in the shell y vienen a poner la guinda al pastel.

En los dos anime que se hicieron a raíz de la obra original Masamune Shirow poco más que cobró los royalties y punto, y eso se nota (el primero, el más exitoso, fue obra de Mamoru Oshii). Tampoco puedo deciros mucho sobre la miniserie por capítulos, pues no la he visto.

Las aventuras de Ghost in the shell se publicaron en la revista japonesa Young Magazine Kaizoku-ban, donde cada capítulo corresponde a una operación de la Sección 9, y vieron la luz en España como volumen recopilatorio por gracia de la Editorial Planeta DeAgostini. La edición que podemos adquirir ahora mismo se lee en sentido occidental y conserva el estilo pulp, de leer y tirar, típico de su original japonés (si no fuera porque el precio nos retiene el impulso); lo mismo vale para el volumen de Manmachine Interface – Ghost in the shell II. Asombrosamente, la edición de Human-Error Processor 1.5 es en tapa dura y las páginas son de calidad suficiente para resistir un lustro por lo bajo. Imagino que con la pretensión de justificar parcialmente su desfasado precio, ésta contiene además un CD con las mismas historias del cómic, en japonés y montadas en flash.

Resumiendo, una adquisición imprescindible si tratáis de confeccionaros una mangateca de títulos irrenunciables de todos los tiempos, pero, por encima de todo, una obra potente que, como los mejores vinos, parece mejorar con el tiempo.