18 mar. 2010

LOS NIÑOS DE TIMPELBACH.

El cineasta francés Nicolas Bary cuenta que con nueve años, descubrió el libro de Henry Winterfield, Timpetill. Die Stadt Ohne Eltern, y desde entonces, la historia nunca le ha abandonado. Ese encuentro infantil, ya se proyectó en su cortometraje Before, basado en el mismo relato. Y ahora, por fin, tras conseguir comprar los derechos del libro para rodar el largometraje, no sólo nos presenta su debut cinematográfico, sino también un sueño cumplido.

SINOPSIS:
En el pueblo de Timpelbach, los niños no hacen más que travesuras y se resisten a cualquier clase de autoridad.

Al borde de un ataque de nervios, los padres deciden marcharse del pueblo…pensando que va a ser solamente durante un día.

¡Un pueblo sin padres! No es una mala noticia para todo el mundo. Dos bandas de niños solos se enfrentan entonces por el control del lugar.

Con esta premisa, atravesamos la atmósfera fantástica, de cuento de hadas, que envuelve la película para introducirnos en un pueblo de ensueño lleno de detalles encantadores. Un lugar en el que los decorados conectan con el rico universo infantil y el vestuario huele a tinta de dibujante. La fotografía, la música, los paisajes, todo gira en torno a esta historia mágica que tan bien sostienen sus jóvenes protagonistas. Porque no nos engañemos, son ellos los que cargan con todo el peso de la película. Son ellos los que brillan.

En Timpelbach, los adultos hacen bien en abandonar el pueblo y así librarnos de los momentos más grises y aburridos. Hay algo que cojea en esa decisión trágica e irrevocable de marcharse por no poder soportar las gamberradas de los niños -personalmente, me parecieron casi angelicales- . Carole Bouquet destaca un poco más que Gerard Depardieu quien, bueno, se limita a hacer bulto.

Desde luego, los momentos más interesantes se producen a partir de que los niños se quedan solos y toman el pueblo. Nicolas Bary nos regala deliciosas imágenes, políticamente incorrectas, en esa taverna convertida en cuartel general del lado oscuro. Mientras que los niños responsables se refugian en una casa, al abrigo de un buen fuego, y reflexionan sobre la mejor manera de organizarse.

Pocos gags para una historia que podría haber explotado más su vertiente cómica para equilibrar cierto exceso de dramatismo. Eso sí, Los niños de Timpelbach , es una gran aventura que explora ciertas fronteras de la condición humana y reflexiona sobre ellas con acierto.

Además, la película obtuvo el Premio Enfants Terribles al Mejor largometraje para Menores de 13 años del Festival Internacional de Cine de Gijón.



Lo mejor: ¡La imaginación al poder!

Lo peor: La débil interpretación de los adultos. Flaco favor le hace al conjunto de la película.

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