8 mar. 2010

Observamos cómo cae Octavio, Hernán Migoya

Observamos cómo cae Octavio
Hernán Migoya
Barcelona: Martínez Roca, 2005
ISBN: 8427031688


Las voces de colores de Tete, Mina y Nanín atesoran una aventura tierna y a la vez sobrecogedora. Acompañados de osos de peluche, ogros y fantasmas, estos niños, verdaderos outsiders, se enfrentan al mundo adulto y tienen que capear un auténtico temporal. Observamos cómo cae Octavio, es una novela de imaginación fantástica que se queda ya conmigo. Igual porque en mis recuerdos los Big jims y las series de cruceros también ocupan un lugar destacado. O tal vez porque no me ha costado nada verme reflejada en esa manera de descubrir el mundo a lo bruto que compartimos los de una generación. Sea por el motivo que sea, me ha gustado mucho.

Sinopsis:
“¿Podemos enamorarnos cuando aún nos sabemos qué es el amor?
De niños, el amor y el terror pueden resultar sentimientos muy parecidos. Observamos cómo cae Octavio es una apasionante novela que aborda el descubrimiento prematuro de la vida, el sexo, el amor y…la muerte. Tete, Mina y Nanín son tres niños abocados al oscuro secreto que se encierra en la misteriosa cueva del Ogro Santos, el monstruo al que deberán enfrentarse para salvar sus vidas. Su incursión en lo desconocido les enfrentará, sin ellos saberlo, a una enigmática y estremecedora realidad. A partir de la mirada cándida e inocente de sus protagonistas, el lector se sumergirá en un universo que creía olvidado, en el que todas las experiencias son nuevas y perturbadoras”.

Aunque al principio cuesta un poco coger el hilo, tienes que avanzar y retroceder para no perderte entre las voces de colores, no seré yo la lectora perezosa que se queje de una entrada un pelín difícil, que no cargante, y para nada aburrida. Desde luego el aburrimiento está fuera de lugar en esta novela. Además, enseguida te acostumbras a seguir los colorines. Cuando te das cuenta ya has cogido músculo y podrías leerte lo que te echaran en ese formato.

Me ha sorprendido esa habilidad impresionante para saltar de un registro a otro (niño pequeño, niño más mayor, niña, adulto). Me han cautivado la riqueza del lenguaje y las descripciones que, de un soplo, te transportan a un camino nevado, al gimnasio de un colegio o a la intimidad de un hogar al mediodía. Me ha emocionado el final de la historia y he pensado ¡Cómo escribe este tío! Me encanta su obstinación creativa.

Pero no he entendido esa atemporalidad engañosa ¿Por qué euros? ¡Eran pelas!

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