Las criaturas de la noche, como las viene llamando el Dr. Karloff, sean del color que sean y ya estén recubiertas de pelo o de escamas, comparten en general esta particular hermeticidad de espíritu, ostracismo o timidez patológica, que las impulsa a huir del contacto con la gente y a esconderse en lugares apartados de cualquier mirada curiosa. En fin, lo que los psiquiatras, en su irritante afán de nombrar lo innombrable, han convenido en bautizar como fobia social o antropofobia (un palabro de aúpa). Sin embargo, resulta llamativo que además de sufrir tales desórdenes de la mente, a una buena parte les encanta además mostrarse en el mayor vigor de sus desmanes sangrientos justo en las fechas más señaladas del calendario: ya se trate de las vacaciones de verano, Halloween, el 4 de julio en los EEUU, o, justamente trayendo a colación lo que ya se nos viene encima, las fiestas navideñas. O se trata de un arrebato de protagonismo incontrolado o, como ya sospecho por sufrirlo en mis propias carnes, es más bien una reacción defensiva ante la sobredosis de azucarada ñoñería y urticante espíritu bobalicón que nos bombardea constantemente las 24 horas del día durante las navidades.
Por mi parte, y como no se me dan bien las nobles artes del desmembramiento de articulaciones y el desgarro de tejidos blandos, prefiero combatir la pesadez navideña compartiendo las juergas desenfrenadas de las criaturas de la noche desde la platea; me explico, echando mano de las historias del macabro y personalísimo dibujante de cómics Hideshi Hino, que publica La Cúpula desde 2005, al ritmo de dos por año. Los títulos que ya podemos disfrutar son: El niño gusano, El hombre cadáver, Criatura maldita, La enfermedad de Zoroku, La serpiente roja y Panorama infernal. Con estos títulos tan llamativos el abanico de posibilidades es bien patente. Estamos hablando, para hacernos una idea cabal de la cosa, de un niño que se metamorfosea en un gusano sediento de sangre, de los avatares de un cadáver putrefacto pero vivo, de un aldeano que sufre una enfermedad degenerativa pustulosa, de cuerpos descuartizados, monstruos siniestros, carroña, aguas fecales, degradación y muerte. ¡Ea! un panorama bien apetitoso para las Navidades. Y no tan solo por sus contenidos; el dibujo tan personal de Hino, las historias que remiten a los cuentos tradicionales para niños con ogros y brujas, el infantil y atractivo trazo alejado de gran parte del insípido manga actual, los personajes que se hacen tan entrañables en su desgracia, la inocencia de los monstruos en contraste con la oscuridad que encierra el corazón de muchos honorables padres de familia... La obra de Hino es enorme, publica desde 1962, y es un autor de culto en Japón tanto por el éxito de su obra entre el público como por el impacto de ésta en el manga de terror de los últimos treinta años. Se ha dejado caer recientemente en las IV Jornadas del Cómic de Donostia, este pasado octubre, y en el Salón del Manga de Barcelona de 2006, donde fue entrevistado por AnimangaWeb, por cortesía de la cual os paso el link. Os animo a que sigáis la estremecedora y prolífica carrera de Hideshi Hino, y a que pongáis un cadáver en vuestra vida.
Confieso sin alardeos que la lectura de obras de terror gore es un poco excesivo para mi paladar, pero acudir a Hideshi Hino es un acto en defensa propia, insoslayable estos días.