Fue esa habitual sensación de nostalgia que siempre se abate sobre mí durante las Navidades lo que me llevó a releer la excepcional novela de Arthur C. Clarke, 2001 una odisea del espacio, y dejar de postre una modesta reseña en el blog. Habiendo podido escoger a otro clásico, recalé en Clarke porque acababa de cumplir los 90 años, el último de su ilustre generación aún con vida. Pero viéndolo con perspectiva, quizás también lo eligiese porque en cierta forma intuía que sus días se acercaban a su fin. Ya se sabe, los festejos que celebran la aparición de una nueva vida, como hace la Navidad, nos ilustran en realidad sobre la caducidad de toda vida, y, con ello, evocan la muerte. Fue posiblemente, ahora lo veo, la nostalgia de una especie casi extinta.

Sir Arthur Charles Clarke murió ayer a los 90 años en su residencia de Sri Lanka. Seguro que lo que perdure de él no está ahora en los cielos, sino mucho más allá, surcando galaxias lejanas y descubriendo nuevos mundos habitados por extraordinarias criaturas con las que se entenderá a las mil maravillas. Buen viaje maestro.