Joann Sfar
Petrus Barbygère. Norma Cómics. 54 págs.
Son muchos los momentos sobresalientes. Está cuando Petrus Barbygère y sus dos acompañantes, el chef Gerine “mago de las cacerolas” y el fión azul originario de Elfiria, se restriegan todo el cuerpo con desechos malolientes de pescados para callejear de extranjis por la ciudad conocida como la “Cloaca del pulpo”, el lugar donde moran y dan rienda suelta a sus instintos, la fornicación principalmente, los condenados antes de embarcarse hacia la muerte, su postrer destino. Para gozo de los que amamos la aventura, están además los momentos de mayor tensión dramática, como cuando se ven enfrentados contra las criaturas marinas conjuradas por el detestable Red Scarlett, como el David Jones o el Kraken. Aunque a mi entender, el más inspirado de todos es aquel en que un esforzado Barbygère presume que el mejor remedio a la penosa situación en la que se encuentran el barco y su tripulación es la de despertar al primero de su letargo, esto es al navío, y, con su ayuda, dar caza al depravado esclavista. Para conseguirlo, retozará en el fondo marino con Carmilla, la hermosa sirena esculpida en madera del mascarón de proa, y, así, enamorándola, obtendrá los favores de la nave en pro de la justa cacería.
Otros momentos memorables son los que se refieren al dibujo de los personajes. Y aquí aludo tanto al trazo sobre el papel, como al diseño de su personalidad. El primero: para aquellos que ya conozcáis su obra, aparca, por esta vez, la habitual línea picasiana y apuesta por un trazo más terminado que realza con un intenso tratamiento del color, un penetrante acuarelado. El segundo: ahora ya nada nuevo bajo el sol; se trata de personalidades magnéticas y robustas, y de personajes dinámicos, irónicos y siempre voluntariosos. Un botón de muestra: Barbygère es un bon vivant de oronda barriga y risa generosa, temible espadachín a pecho descubierto, estudioso y aplicado naturalista, mago olvidadizo, gran conversador, poeta de espíritu y palabra y mejor amigo.
Pero aquí tampoco nos detendremos, sigamos, sigamos con más momentos. Están por ejemplo aquellos referidos al texto. Para desesperación del elfo azul, los discursos de Barbygère a sus colegas de asedio se demoran en maravillosas descripciones poéticas y fantásticas. También hay tiempo para la reflexión, aun cuando el villano se escabulle, y la humorada, principalmente con Barbygère, pues se trata de un hombre positivamente dispuesto. E incluso para perorar algún que otro vocabulario musical, como el del capitán fantasma requiriendo a su tripulación en estos términos: “¡Foques, contrafoques y velas de estay! ¡Soltad las cuerdas del puente! ¡Barra de escota a barlovento! ¡Largad la mesana! ¡Atentos al timón de fortuna! ¡Desplegad la vela mayor!”. En realidad, es el momento de la palabra, cargado de emoción poética y fantástica, el que nos evoca más acertadamente el mundo de fantasía, y, siendo así, todas esas calaveras, unicornios, elfos y ogros asumen su papel de atrezo y comparsa con toda su dignidad inafectada. Como remata el propio Van Haecken: “las palabras son las estrellas de las cosas”.
Y está incluso el momento dedicado al abominable Red Scarlett, que también lo merece. El terrible pirata tiene su momento en cuatro densas láminas, y con una bastaría, teñidas de sangre coagulada, vísceras, dolor y depravación. Cuatro páginas rojísimas. Su momento está en esa cueva donde pone en práctica las perversiones que engendra su mente enferma.
También el guión, claro. Pierre Dubois, el prestigioso guionista francés, pone en manos de Joann Sfar una trama y unos textos por los que cualquier ilustrador vendería su alma al diablo. ¿Pero, quién sabría exprimirle todo el jugo a esta exótica fruta? Además de Sfar, quizás solo Christophe Blain. Pero eso ya nunca lo sabremos…

Hablamos de sinergia, por decirlo rápido y mal, cuando 2+2>4. Verbigracia: en farmacología, cuando al suministrar dos medicamentos el efecto resultante resulta superior al que cabria esperar de aunar los efectos de cada uno de los fármacos por separado. Este fenómeno, por ejemplo, es muy frecuente al usar ciertas drogas con efecto psicotrópico. Pues bien, algo de eso, de la sinergia, sucede con las obras de Sfar: los diferentes momentos se potencian entre sí y el producto excede la expectativa inicial con extraordinarios resultados. Claro que, también sucede a menudo un poco de lo segundo: sus obras tienen un efecto psicotrópico alucinógeno. Y que así continúe.