Olimpita.
Hernán Migoya y Joan Marín.
NORMA Editorial 2009
ISBN: 978-84-9847-858-7



Primera sacudida. Los trayectos, las esquinas, las fachadas, los portales, los balcones… Los giros de una historia, fuerte y violenta, que da la vuelta al barrio de Gracia.

¡Mi barrio!

Joan Marín lo dibuja con excelencia y las teclas de Hernán Migoya lo retratan con mirada audaz. Se nota que lo han vivido. La esencia de familiaridad transpira poderosa todo el relato. Lo han clavado.

Olimpita narra una historia brutal, muy dura por lo realista que llega a ser. La leo y pienso, son mis escenarios, pero no es mi mundo, es demasiado oscuro para soportarlo, es un infierno. Y ocurre aquí mismo, en las calles que recorro cada día y que ahora sé, pertenecen a un mundo paralelo. No, no sólo a uno, a más de uno, a muchos, a tantos como personas desfilan por él.

Porque todas las personas tenemos una historia y a algunos, como a este par (Migoya y Marín), se les ocurre contarlas. Violencia doméstica, inmigración, cárceles personales. Insisto, varios infiernos convergiendo y anestesiando la capacidad de horrorizarse, hasta que esa ironía inteligente que atraviesa todo el relato te sacude, como el chasquido de un látigo, una y otra vez, en medio de la lectura, recordándote que la vida puede ser hermosa, si sabes luchar por ella.

Ass mirando unos mocasines, Olimpita explicando el significado de un nombre, los sueños novelescos con el príncipe de Ébano, los besos que borran moratones o el diálogo en el “sube y baja”, son algunos de los momentos cumbre. La belleza que emerge en medio del abismo. Una belleza que brilla y a la vez, duele.

También sonreímos ante situaciones curiosamente reales, como el éxito de Ass atendiendo la parada del mercado, o la versatilidad que puede tener un pene expresivo. Humor que alivia el horror. Y el sexo omnipresente. Convertido en un umbral, en una puerta, una salida, una escapatoria, una ilusión, un sueño, una pesadilla.

Pero Olimpita es ante todo, una historia de tristeza profunda. Porque cuando acabas de leerla piensas ¡Joder, qué mierda todo! Y a la vez ¡Joder, qué diferente podría ser todo! Y también ¡Y qué fácil sería! ¡Qué fácil…! ¡Qué fácil…! Y esta última idea de esperanza es con la que me quedo.

Porque yo seguiré perdiéndome en historias menos realistas y más soportables para mi sistema nervioso. Porque también seguiré viviendo en Gracia. Mi barrio. Y seguiré comprando en l’Abaceria. Mi mercado. Y continuaré en mi mundo paralelo, feliz por haber leído Olimpita y por haber comprendido algo de ese otro mundo al que me cuesta tanto mirar de frente, aunque transcurra por las mismas calles que pateo cada día.