13 nov. 2009

Lavinia. Ursula K. Leguin




Lavinia
Ursula K. Leguin
Minotauro
Cuando Andy Warhol salió con aquello de los 15 minutos de fama en el fondo no hacía más que actualizar uno de los anhelos más viejos del hombre, el de ser reconocido como un héroe: en su momento en virtud de la relación tabulada de gestas heroicas –liquidar al minotauro o vencer la tenaz resistencia troyana- y ahora con cualquier excusa que lo publicite a uno en los mass media, principalmente futilidades de escasa consistencia y mérito. Sin embargo, la perspectiva histórica sí que matiza la puesta en escena y la perdurabilidad de los medios de registro: clásicamente en forma de poema épico o epopeya que afronta inmutable los siglos que le echen, frente a la brevedad de usar y tirar de la televisión y la prensa modernos. Así, la ventaja que supone haber nacido hace más de dos mil años, en el marco de un proyecto personal heroico, es que la persistencia del relato de las gestas está garantizado, salvando las obvias catástrofes naturales y la quema de bibliotecas en manos de pirados con antorchas, y, con ello, el principal requisito: ¡que dure la cosa! Al final, una más de las estrategias para despistar a la muerte y que certifica el éxito sin paliativos del hombre activo frente al hombre reflexivo; este pobre la verdad que se lleva la peor parte, ni le cantan los poetas ni se come un rosco. En fin, que como sucede siempre, el tiempo lo reduce todo a polvo: cuando antes era imprescindible para el héroe que su fama traspasara las generaciones hasta lo inconcebible, hoy en día, en la era del low cost, hay que conformarse con unos minutillos heroicos. El héroe clásico vencía con su fama a la muerte, ahora chulea ante los amigos y poco más. Las diferencias entre ambos son tantas que, para el atareado hombre moderno, la posibilidad de acceder a una versión actualizada de las epopeyas clásicas es una herramienta utilísima para hacerse una composición de lugar imprescindible: la historia pone a cada uno en su sitio y desenmascara al impostor. Así que conviene celebrar que una de las plumas más laureadas de la literatura fantástica se sume a esta corriente de enmienda histórica –y, porque no, de desvelo de los auténticos significados de las palabras; léase aquí héroe- con la revisión de La Eneida del poeta romano Virgilio.
Ursula K. Leguin ha aprovechado toda su habilidad de contadora de historias y su reconocido feminismo para dar voz, en Lavinia, a la mujer del héroe ateniense Eneas, a la que Virgilio dejó un poco esquinada en su poema (recordemos el papel escasamente cenital de las mujeres en los textos clásicos). Lavinia, hija del rey Latino, llega a la mayoría de edad y debe desposarse con uno de los pretendientes venidos de los reinados cercanos con intención de fortalecer los lazos políticos entre ambos países. Lavinia decide postergar su decisión hasta la llegada del héroe Eneas que, como le ha augurado el espíritu aparecido del poeta que cantará su vida, trae consigo la guerra y la fundación de un imperio colosal. Y hasta aquí puedo leer.
Leguin ha respetado el tono lírico que caracteriza la voz de Virgilio pero la ha modernizado de tal forma que podemos identificarnos con la protagonista y compartir sus sentimientos, además de asistir a la versión de aquellos que no tienen la palabra en el poema clásico, las mujeres y los débiles. Esta apuesta nos permite evitar la digestión pesada de un texto antiguo sin tener que hacer concesiones a la historia. Pero todo tiene un precio, naturalmente lo que está más cerca de la Italia de hace 2000 años es un texto de entonces, así que la versión del siglo XXI siempre se dejará cosas por el camino, ni que se trate de un cierto desapego histórico. Además, Leguin no puede evitar que su protagonista hable a veces por boca de la autora, como en algunos párrafos un tanto teñidos de reivindicación feminista, o que se comporte como una guía turística transportada en el tiempo y nos comente, de vez en cuando, el folclore y las peculiaridades locales (aquí el embrujo se disuelve de inmediato). Aunque, por fortuna, Ursula K. Leguin dispone de unas habilidades narrativas incuestionables y es capaz casi siempre de mantener bien sujetas las riendas de su argumento y sobresalir allí donde siempre ha triunfado: la tensión narrativa y la armonización de la realidad con lo mágico. Aquí enmienda las debilidades inherentes a toda actualización de un texto clásico y justifica la lectura de una novela que emociona y que añade una nota de cierto exotismo a una bibliografía completamente enmarcada en la ficción fantástica.
Lavinia, publicada en España por la editorial Minotauro, se encuadra perfectamente en el proyecto literario de Ursula K. Leguin y defraudará a muy pocos; aunque quizás, sea ésta su principal pega, que es otra vuelta de tuerca más a un universo que ya casi no da de sí.

2 comentarios:

  1. Muy buena crítica, Almirante!!!! Da gusto leerle...

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  2. ¡¡Gracias infinitas!! Sigo sin cobrar un céntimo con estas reseñas, pero me siento bien pagado.

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